miércoles, 27 de julio de 2016

¿Cómo garantizamos la calidad de una traducción?


¿Cómo sabemos nosotros o nuestro cliente que una traducción cumple con los requisitos de calidad necesarios para su entrega y, en ciertos casos, posterior publicación?
Un copista haciendo yoga mientras copia y traduce, lo típico

Para empezar, es necesario aclarar algunos conceptos. Existen una gran variedad de estudios sobre la tarea de aseguramiento de la calidad en traducción, lo cual ha dado lugar a cierta ambigüedad en la terminología para referirse a dicho concepto. Además, el inglés, como siempre, ha puesto de su parte y también ha causado cierta confusión.

Sin más dilación, comenzamos con ciertos conceptos básicos:

   La traducción y su calidad
En la actualidad, las certificaciones que obtienen las empresas de traducción son las más fiables a la hora de demostrar ante los clientes que están aplicando unos procedimientos de trabajo determinados (workflows, en inglés) y que cumplen con los criterios de calidad exigidos por el cliente. Dicha certificación se obtiene a través de unas auditorías externas independientes y periódicas que evalúan dichos procedimientos y que se coordinan con organismos de certificación como AENOR en España, BSI en Reino Unido o ISO en el mundo.

   Control de calidad, también llamado QA (Quality Assurance o Assessment) o QC (Quality Control) en inglés. Este concepto también se ha bautizado de muchísimas maneras, en parte porque cada proveedor de servicios lingüísticos acaba empleando un término distinto.

Podríamos decir que esta etapa no estaba tan definida o separada hasta que no aparecieron las herramientas de traducción asistida (TAO), entre otras cosas porque fueron las primeras herramientas informáticas que también incluían una opción de revisión y comprobación de los documentos.

Es importante establecer las similitudes y diferencias entre la revisión, la corrección y el control de la calidad de una traducción.

Del mismo modo, la corrección merece un apartado propio.

Las tres tareas pueden llevarse a cabo de forma independiente y las desempeñan expertos muy distintos: el revisor debe ser traductor, preferiblemente; el corrector es un profesional dedicado exclusivamente a la revisión y corrección de textos en su lengua materna o de llegada, a veces comparándolos con el texto de origen y tras limitándose a la traducción o incluso a un texto redactado directamente en la lengua de corrección. Finalmente, el controlador de la calidad debe ser un lingüista y dominar ciertas tecnologías de traducción y de control de calidad —y a veces otras, como posicionamiento, nociones de programación—, pero no tiene que ser necesariamente un traductor.

   Revisión

La revisión de una traducción consiste en una relectura del texto meta o de llegada comparándolo con el texto de origen.

A veces, a esta actividad se le llama «edición». Para algunos, ambos términos representan lo mismo; para otros, la edición sería la revisión bilingüe. Un mundo, esto de la terminología empresarial, pero no entremos en terminología, que ahí que hay mucho de lo que hablar y nos quedaríamos aquí hasta el o que viene.

Por desgracia, este procedimiento tan importante —recordemos que una relectura independiente puede ahorrarnos muchos dolores de cabeza posteriores, incluso quejas del propio cliente que, inicialmente, quería recortar esta fase del proceso— está ausente en más ocasiones de las deseables. La revisión, pues, se encuentra incluida a menudo en el proceso de traducción y la lleva a cabo el propio traductor del proyecto o incluso un coordinador de proyectos, evaluando con rapidez y solo ciertos extractos del texto. Esto implica un riesgo enorme y compromete la calidad de la traducción y del proyecto.

Por otra parte, no olvidemos que es imprescindible establecer unos criterios de revisión adecuados para evitar ciertos abusos, «sobrecorrecciones» e implicaciones morales si queremos que esta tarea se lleve a cabo adecuadamente. Además, el traductor siempre deberá entregar un trabajo como si ya fuera la versión final lista para el cliente. Es necesario, por lo tanto, acotar esta fase del proyecto para dejar claro tanto al traductor como al revisor cuáles son sus cometidos y la responsabilidad que recae sobre cada uno de ellos.

Al revisar un texto, comprobamos que el traductor ha seguido la terminología especificada por el cliente o bien estipulada por el coordinador de proyectos (y que se le proporcionó al comienzo en forma de glosarios, memorias de traducción o bases terminológicas); si la terminología es adecuada para la tipología textual (general o especializado; nota de prensa o manual de instalación de un transpondedor, etc.; si se han cometido omisiones, contrasentidos o ambigüedades... En resumen: darle una segunda vuelta al texto para determinar si la traducción necesita cambios y, si es así, de qué tipo.

Al detallar los criterios de revisión, uno se da cuenta de que coinciden al menos parcialmente con los de corrección ortográfica y de estilo. Sin embargo, la corrección es una tarea compleja y extensa que, bajo mi punto de vista, debería realizarse de manera independiente.

   Corrección

a)    Corrección ortográfica u ortotipográfica (también se ha discutido mucho sobre este término) 
Se centra en evaluar la ortografía, la gramática, la tipografía y la sintaxis del texto. Esto significa que se da por hecho que, antes de pasar el documento al corrector, se ha llevado a cabo una revisión o comprobación de posibles contrasentidos o falsos sentidos, comprensión del texto original y adecuación al de llegada... En resumen: el corrector no debería ser responsable de los errores de traducción que pueda haber, puesto que no es un traductor.
No obstante, hay correctores que también traducen, lo cual constituye un valor añadido en muchos casos, pero no puede darse por hecho.

b)    Corrección de estilo 
Similar al proceso de revisión, pero evaluando solo la cohesión y la naturalidad del texto de llegada, si implicar al texto de origen. El corrector de estilo se ocupa de que el registro y, por lo tanto, el tono y el vocabulario sea adecuado para la tipología de texto, y de darle fluidez, eliminando redundancias o pleonasmos, faltas de concordancia, etc. Además, aplica la normativa vigente por lo general, salvo que el cliente lo especifique de otro modo.

   Aseguramiento o control de la calidad

En contadas ocasiones, se lleva a cabo una comprobación de un extracto del texto. Lo más habitual es que se lleve a cabo una revisión integral del mismo. Se suele convenir con los controladores de calidad un listado de aspectos que necesitan comprobación, como el formato del documento y del texto, los índices, el tipo de fuente, la adecuación de la estructura del documento a la del original (si el original era un formato no editable, por ejemplo), repeticiones u omisiones en cifras o palabras, dos traducciones distintas para una misma frase o expresión, erratas.

Del mismo modo, este control de la calidad se puede llevar a cabo contrastando el texto con el original —por experiencia propia, algunos clientes y empresas así lo requieren— o bien como una comprobación monolingüe, en la que el revisor de calidad evalúa si el texto está bien adaptado para la cultura meta o de llegada.

Muchas de estas comprobaciones podrían incluirse en las etapas de revisión y de corrección, pero cada vez con mayor frecuencia observo que muchas empresas se comprometen con el cliente a aplicar este tercer filtro para garantizar la calidad    


   El control o aseguramiento de la calidad de un proyecto de traducción abarca dos aspectos principales:

            1)  El servicio: se evalúa si se han aplicado los procedimientos y criterios de trabajo especificados al planear el proyecto; si el plazo y el formato de entrega se cumplen; la comunicación con el cliente y con los proveedores. En el caso de que el cliente no esté satisfecho con alguno de estos procesos y se reciba una queja normal, también debemos incluir en este apartado el tratamiento de la reclamación: evaluación de los comentarios del cliente

            2)  La calidad de la traducción: aquí se enmarcarían también las quejas del cliente y su tratamiento respecto al grado de satisfacción con el texto. 

   
Para poner la guinda en el pastel, añadiremos que esta fase de control de calidad está en la
actualidad muy supeditada a la utilización de herramientas de traducción asistida y algunas
otras concebidas exclusivamente para el control de la calidad, como ApSIC Xbench, QA
Distiller...


Dichas herramientas identifican, mediante el uso de expresiones regulares y de los glosarios y
las bases y memorias terminológicas con las que contemos, las posibles repeticiones de
palabras, omisiones de cifras o términos, las inconsistencia terminológica... La lista cada día
se amplía más y estas herramientas están ganando terreno. 

¿Y cómo demonios integramos todas estas tareas en el proceso de traducción? 

Bien, como ya he dicho antes, algunas pueden reemplazarse —al menos parcialmente, como en el caso de la revisión por la corrección— o bien transferirse subtareas. Algunos proveedores de servicios lingüísticos consideran que en la etapa de control de calidad deberían evaluarse también la cohesión y la adecuación de la terminología, sin ir más lejos.

Para concluir, diremos que en un procedimiento de trabajo de un proyecto de traducción deberá incluirse, al menos:

1. La etapa de traducción
2. La etapa de revisión o bien de corrección (la ortográfica, imprescindible; la de estilo, preferible)
3. La etapa final de control o aseguramiento de la calidad del servicio, teniendo en cuenta que la traducción en sí ya se habría revisado en las dos etapas anteriores.

Quiero dejar claro que estos conceptos resultan relativos y que cada maestrillo tiene su librillo.

Por ello, es importante que se redacten normas de calidad como la 9001 (gestión de proyectos) y algunas otras más específicas como la 17100 (calidad en gestión de proyectos de traducción) para que podamos referirnos a ellas en todo momento y establecer un procedimiento de trabajo coherente, sólido y cumplidor.

¡Hasta la próxima!