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Mostrando entradas de 2012

Nuestras propias emociones. ¿Y esas quién las traduce o interpreta?

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Qué os voy a contar: es lunes, algunos amigos se han ido de vacaciones, el país está…bueno, está como está, y muchos nos sentimos más que «quemados» a estas alturas del verano... así que me gustaría hablar de algo que, si bien no parece relacionado directamente con la traducción o la corrección, sí lo está de forma indirecta, y que nos ayudará a relajarnos un poco más.
En los últimos años me he visto envuelta en muchas situaciones de tensión (o estrés, de origen anglosajón). Debo confesar que nunca fui una persona excesivamente relajada. Efectivamente, mi cuerpo siempre parecer estar en tensión, así que tengo que trabajar mi serenidad —y, por ende, la seguridad— mucho más que otras personas, que parecen traerlo de fábrica. ;-)  
  Es verdad: cuesta asumir que necesitamos trabajar de forma voluntaria, consciente y con mucho esfuerzo nuestra propia paz interior… y que siempre volveremos a caer en el «vicio» y tendremos que reubicarnos nuevamente... pero no caigam…

Todos somos aprendices

En estos tiempos tan modernos —como diría mi abuela, a la que tanto echo de menos—, parece que tenemos que llegar al mundo «comidos y servidos»; parece que no es correcto apostar por esa gente que llega a una estación con una maleta llena de ilusión y aptitud; muchas veces se nos exige conocer de arriba abajo el libro de instrucciones de la vida: cultura, música, diseño, moda, empresa y negocios, ciencia, política, idiomas, viajes… Debemos tener repasada la lección, desde la portada hasta la última página. Si no la sabemos —y esto es lo peor de todo—, debemos «fingir» que sí la conocemos delante de los demás: el aprendizaje y el ser principiante se han identificado con algo muchas veces vergonzoso, especialmente a partir de determinada edad.
La palabra principiante procede del verbo principiar, que significa comenzar (¡a aprender o hacer algo!). En ella no existe ningún matiz que implique la ausencia de aptitud. Si alguien comienza es porque, lógicamente, quiere actuar. Positivo, ¿no?
M…

Queísmo, dequeísmo y otras «dolorosas» de nuestra lengua

Estos días hemos comentado, especialmente por Twitter —herramienta útil donde las haya y de la que hablaré en este blog— el tema del queísmo y dequeísmo en español. Os paso un enlace muy interesante de la Fundéu que explica muy bien en qué consiste y cómo podemos identificarlo.
Un colega traductor, Devadip, me comenta sorprendido que hace unos días, en una entrevista de televisión que se le hizo a Vargas Llosa, este cometió unos cuantos queísmos. Infracción al canto, querido Mario, ¿cómo has podido?
Pues para sorpresa de algunos —no tanta para sus lectores habituales— Vargas Llosa lleva en esto del queísmo, laísmo y loísmo/leísmo mucho tiempo, ¡y está realmente enganchado! Podemos comprobarlo en obras como La casa verde.
Además, si nos movemos por el CORDE (recurso de consulta que recomiendo al menos para curiosear sobre la frecuencia de uso de la lengua en España y en otros países hispanohablantes) vemos que este tipo de fenómenos se cometen con mayor frecuencia en textos literarios y …

Rumores ortotipográficos

RUMOR: las mayúsculas no llevan tilde.

Esto es... FALSO: las mayúsculas sí llevan tilde en español.
Las mayúsculas y minúsculas son en realidad un mismo grafema con distintas representaciones, así que no hay motivo por el que ambas no deban ser tratadas del mismo modo.


Correcto: SE COMPRAN MÓVILES USADOS
Incorrecto: SE COMPRAN MOVILES USADOS

Este falso rumor se debe, al parecer, a que las antiguas máquinas de escribir no podían poner tildes a las mayúsculas, solo a las minúsculas.

Al final, acabaré por crear una página similar a la de Ti nunca lleva tilde :-)

¡A comenzar la semana con energía y felicidad!

Abrazarse a la vida (o el precio de ser uno mismo)

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La vida es un regalo maravilloso, pero también puede llegar a ser un pequeño infierno. Los hombres podemos destruirlo todo y arrasar con los principios y valores que nosotros mismos creamos en un momento determinado. Somos volubles, inestables, impacientes, contradictorios. Valoramos lo que no tenemos y, cuando por fin lo conseguimos, pasamos a desvalorizarlo. Lo perdemos todo, lo llegamos incluso a destruir. Después, nos lamentamos.
Por eso, en medio de toda la vorágine política, económica y humanitaria en la que nos vemos envueltos, que se remonta al principio de nuestra existencia como seres humanos — ¿a quién queremos engañar con que esto que está sucediendo en el mundo hoy es algo nuevo?— hay quedecidirse no por la muerte y destrucción, sino por la vida.
Sí, resulta complicado decantarse por la vida si uno cree que el mundo parece estar derrumbándose —siempre lo está, en realidad—, pero si no elegimos vivir día a día lo que de verdad querríamos para nuestro mundo, ese que construi…