lunes, 9 de julio de 2012

Todos somos aprendices

En estos tiempos tan modernos —como diría mi abuela, a la que tanto echo de menos—, parece que tenemos que llegar al mundo «comidos y servidos»; parece que no es correcto apostar por esa gente que llega a una estación con una maleta llena de ilusión y aptitud; muchas veces se nos exige conocer de arriba abajo el libro de instrucciones de la vida: cultura, música, diseño, moda, empresa y negocios, ciencia, política, idiomas, viajes… Debemos tener repasada la lección, desde la portada hasta la última página. Si no la sabemos —y esto es lo peor de todo—, debemos «fingir» que sí la conocemos delante de los demás: el aprendizaje y el ser principiante se han identificado con algo muchas veces vergonzoso, especialmente a partir de determinada edad.

La palabra principiante procede del verbo principiar, que significa comenzar (¡a aprender o hacer algo!). En ella no existe ningún matiz que implique la ausencia de aptitud. Si alguien comienza es porque, lógicamente, quiere actuar. Positivo, ¿no?

Muchos empresarios, colectivos o, simplemente, personas, no parecen tenerlo tan claro. ¿No es mejor invertir en gente activa, con potencial, con ese brillo en los ojos que denota ilusión y esfuerzo? ¿Es necesario que esas personas no puedan beneficiarse de la misma oportunidad que aquellas que se han «estudiado» la vida desde muy jóvenes?

Hoy estaba preparando mi sección de «Curiosidades etimológicas» para la revista de traducción Traditori —que os recomiendo leer si aún no lo habéis hecho— y acabé hablando del origen de la palabra robot. Resulta que esta palabra procede del checo «robota» y significa trabajo forzado, servidumbre o esclavitud. En esta sociedad muchas veces parece que debemos forzarnos a saberlo todo, lo que da lugar a no saber nada. ¿No creéis que actuamos como robots o autómatas en algunas ocasiones? ¿Qué parece pedirnos la sociedad? ¿O qué creemos que debemos darle? ¿No empezamos la casa por el tejado?

Si lo hacemos, no disfrutaremos... ni aprenderemos.

Me gustaría dejaros con esta reflexión hoy, que es lunes y principio de semana, para que tal vez a lo largo de la misma nos encontremos con personas con gran capacidad de aportarnos algo nuevo y que tal vez hayamos ignorado hasta ahora.

Esta vida es corta, fugaz, y hemos venido a disfrutarla. Para disfrutar uno debe aprender sin prisa, pero sin pausa, sin condicionamientos, sin exigencias fuera del guión adecuado, sin ser ridiculizado, y solo aplaudido cuando de verdad consiga un logro, uno tras otro. La vida es un aprendizaje, un camino en sí misma, nunca llegaremos a saberlo todo.

El mayor miedo del ser humano es lo desconocido y, tal vez por eso, la gente siente a veces tentaciones de evitar que otros se adelanten o sean más valientes.

Yo seré aprendiz toda mi vida, ¿y vosotros?

Feliz lunes.

(Esta entrada está dedicada, en especial, a Mónica Basterrechea y a Mercedes Flores, por su amistad y sus ganas de transmitirme conocimientos, buenas vibraciones… y comprender que todos estamos en constante aprendizaje)

4 comentarios:

  1. La vida es una gran paradoja. Hay quien aprende sin ilusión, y quien lleva treinta años ejerciendo una profesión y tiene la misma pasión que el primer día. Eso sí, por supuesto nuestras debilidades y puntos flacos siempre son superables si tenemos suficiente estímulo y suficientes ganas.

    Esa es la actitud: siempre aprenderemos algo nuevo, da igual si empezamos con un nuevo reto o si creemos saberlo todo. Cuando la vida deje de sorprendernos y enseñarnos, dejará de merecer la pena ;)

    Un abrazo.

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  2. De todo se aprende en esta vida, pero lo más importante es que todo nos hace reconfigurar nuestra manera de hacer las cosas, tanto lo malo como lo bueno.

    De todos modos, hay situaciones o circunstancias que, al principio, consideramos «negativas», pero luego acabamos por recordar como las más positivas de todas.

    Yo siempre invito a vivir con ilusión, con pasión. Te puedes caer muchas veces, pero si te vuelves a ilusionar con cualquier detalle, grande o pequeño, siempre te recuperarás y sabrás luchar por lo que quieres.

    Un abrazo fuerte, Mer.

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  3. En mi opinión para mantener ese brillo, hay que evitar a la gente "tóxica", son muchos los que sólo saben quejarse y no hacer valoraciones positivas de su actividad en el trabajo.

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  4. Es muy agradable (y esperanzador) encontrar (aunque sea por la red) a alguien que comparta tu punto de vista y tu manera de concebir la vida.

    Por supuesto que todos somos aprendices y son quienes aceptan esa condición de "eterno aprendiz o estudiante" quienes serán capaces de tener un vida rica.

    Yo me enfrento diariamente a esas miradas de personas que te toman por tonta por seguir haciendo cursos y formándote de manera autodidacta, y más aún por disfrutar de ello. Pero la vida (y las clases de yoga) te va enseñando a vivir con esas miradas y actitudes y a darles la importancia que merecen. Lo mismo ocurre con la gente "tóxica"; al principio puede doler, escocer, ponernos "de mala uva" pero como bien dices, para dos días que vamos a estar aquí, lo mejor es pasarlos haciendo lo que nos guste y haga disfrutar. Y yo también disfruto considerándome una eterna aprendiz.

    Un saludo

    Inés

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