lunes, 25 de marzo de 2013

Los correctores y revisores: diferencias y características

¿Qué es un corrector? ¿Cuál es su trabajo? ¿Qué diferencias encontramos entre el corrector y el revisor?

Un corrector es un profesional de la edición que se encarga del control de calidad de la edición de textos.

Por ello, el corrector puede ocuparse de la revisión de un texto tras su redacción, corregir después de una etapa previa de revisión en el caso de una traducción o incluso intervenir en una corrección de contenido.

Vayamos al grano: ¿qué aspectos debe revisar un corrector?  




Para empezar, existen varios tipos de corrección que en numerosas ocasiones se confunden. Los diferenciaremos aquí:

- La corrección de concepto: se ocupa de comprobar la adecuación de la temática, el registro...

- La corrección de estilo: se ocupa de la adecuación del léxico y de la ortografía. En resumen: se encarga de comprobar que el autor (y el traductor, en caso de ser una traducción) ha transmitido las ideas con claridad.

- La corrección ortográfica o de pruebas: se lleva a cabo tras las revisiones de traducción, concepto y estilo. Revisa la ortografía, la puntuación y la tipografía (cursivas, versalitas, negritas, espacios) y se encarga de que el texto sea fluido y un lector pueda leerlo sin dificultad. Unifica los epígrafes, las notas a pie de página, los márgenes y el sangrado... También puede revisar los índices, las bibliografías o referencias cruzadas. Esta etapa de corrección se lleva a cabo antes de que el texto se mande a imprenta o se publique, es decir antes de ser compuesto.

Lo más importante es recordar que un corrector debe encargarse de que el texto sea legible, natural y comprensible; que mantenga una coherencia y cohesión.

La corrección debería ser una etapa obligatoria, del mismo modo que lo debe ser la de revisar una traducción; esta última comparte puntos en común con la corrección, pero son dos trabajos claramente diferenciados.

Grosso modo, la revisión consiste en determinar si una traducción se ha realizado correctamente, esto es si se ha transmitido el concepto que el autor quería transmitir y si la terminología se ha empleado correctamente. En definitiva: si se ha interpretado y transformado el texto original con consistencia y adecuación.

La corrección, en cambio, se centra únicamente en lengua de llegada , o de redacción en el caso de un manuscrito monolingüe —en nuestro caso, el español—, y se ocupa de garantizar que el texto se ha redactado con un estilo natural y fluido, aplicando la normativa ortográfica y gramatical correspondiente. Los correctores se encargan de corregir textos redactados en castellano, pero hoy en día también colaboran para corregir traducciones, siempre, eso sí, centrándose en la lengua de llegada y dejando al revisor la tarea de comprobar si la traducción se ha llevado a cabo satisfactoriamente. Eso puede tal vez dar una pista de la importancia de su cometido.

Tanto en la etapa de revisión como en la corrección de una traducción (o bilingües) se revisa el texto de posibles faltas de ortografía, gramaticales y tipográficas... Ahora bien: en ocasiones el revisor es el único que se encarga de revisar comparando el texto de origen y el de llegada; en otras situaciones, se le encarga al corrector que no solo revise el texto meta, sino que también se remita al texto original. Así, a veces nos preguntamos si las tareas del revisor y del corrector no serían intercambiables hoy en día, puesto que incluso nuestros clientes no saben en ocasiones lo que necesitan: ¿corrección? ¿revisión? ¿corrección de estilo o solo ortotipográfica? ¿Corrección de concepto?

En la revisión no está prohibido tocar el estilo —esto también varía de un cliente a otro— pero no constituye la tarea principal y se debe consultar con el cliente. Si un cliente nos solicita una corrección deberemos explicarle en qué consiste y comentarle los distintos tipos, tratando de adaptarnos a sus necesidades.




Con todo, la revisión y la corrección aún no se enseñan con la exhaustividad que merecen. En algunos grados o posgrados ya existen asignaturas dedicadas a estas dos prácticas y no cabe duda de la creciente oferta de la que nos estamos beneficiando en estos últimos años: academias como Trágora Formación, AULASIC o Cálamo y Cran ofrecen cursos profesionales de corrección, por ejemplo.

A pesar de que cada vez se intenta concienciar más de la importancia de un texto bien escrito —es la mejor carta de presentación para cualquier empresa—, aún queda mucho camino por recorrer si queremos educar a nuestros clientes e incluso a algunos profesionales de la lengua y de la comunicación sobre el papel primordial que desempeña en el proceso de redacción o de traducción de cualquier documento.


Si una traducción o texto presenta un aspecto pobre o ambiguo; si no se lee con fluidez o contiene incluso faltas ortográficas, gramaticales o tipográficas, el trabajo perderá todo su valor y el cliente se verá perjudicado, incluso, a la hora de comunicarse con los clientes y proveedores potenciales o vender sus productos o servicios.

La prueba de que no se le otorga la importancia merecida es que en nuestra sociedad, cada vez más comunicativa en muchos aspectos, ha perdido sin embargo cierto interés en escribir y redactar correctamente. Importa más la publicación de una información en sí misma —la comunicación— que transmitir dicha idea de una forma correcta y que llegue con mayor facilidad a cada público o tipo de lector.

Lo más alarmante de todo esto es que los medios de comunicación más importantes, como las publicaciones periódicas y los medios audiovisuales, le restan relevancia. Si los medios y profesionales de la comunicación siguen estas malas prácticas, ¿quién va a demostrar interés? Si acaso, en muchas ocasiones se confía en correctores automáticos que, muchas veces, ni siquiera está configurado correctamente.

Por otra parte, las fronteras entre la revisión y la corrección parecen, en ocasiones, algo desdibujadas. Esto se debe, en parte, a que los propios clientes o comunicadores no saben qué necesitan exactamente al solicitar la «corrección» de un texto.

El corrector no nace, se hace. Nadie llega a este mundo con una maleta llena de normas  académicas. La corrección es un aprendizaje constante que requiere muchísima práctica, curiosidad, tesón y horas de documentación, del mismo modo que ocurre con el proceso de traducción de textos especializados.

Hoy en día, la formación específica para convertirse en corrector no es extremadamente compleja, pero aún existe una necesidad de definir bien las bases con las que deben arrancar estos profesionales. De forma tradicional, el corrector se formaba en talleres de imprenta o en editoriales, pero en la actualidad también se  recurre a cursos, talleres y posgrados (aunque estos últimos suelen ser de edición), no siempre  avalados o con contenidos algo discretos.

En resumen: el oficio de corrector no está regulado oficialmente. Se trata de un oficio, lo que le confería ese carácter artesanal en su origen. Esto repercute directamente en la profesión, que a veces se siente ninguneada o reemplazada.

Sobre las tarifas y su adecuación... ya hablaremos en otro capítulo, puesto que es un tema delicado y que merece una entrada separada.





Una lectura recomendada: el manual de revisión de la Comisión Europea.

Para concluir, os dejo una pequeña bibliografía sobre el tema:

ABC (2001). Manual de estilo. Barcelona: Ariel.

Agrupación Editorial, S.A. : Gran Diccionario de la lengua española. Barcelona. Larousse-Planeta.

Agencia EFE (1991). Manual del español urgente. (8ª Ed.). Madrid: Cátedra.

Casares, J. (1959): Diccionario ideológico de la lengua española. Barcelona, Gustavo Gili.

Cassany, D. (1999). La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama.

EL PAIS (1993). Manual de estilo. Madrid: Ediciones El País.

Gómez Tórrego, L. (1989). El buen uso de las palabras. Madrid: Arco-Libros.

Gómez Tórrego, L. (1989). Manual del español correcto. Madrid: Arco-Libros.

Gutiérrez Cuadrado, J. y Pascual, J.A. (proyecto y dir.): Diccionario Salamanca de la lengua española. Madrid. Santillana.

Lázaro Carreter, F. (1996). El dardo en la palabra. Madrid: Galaxia Gutemberg.

Moliner, M. (1998): Diccionario de uso del español. Madrid. Gredos. 2ª ed.

RAE (1992): Diccionario de la lengua española. Madrid.

Reyes, G. (1999). Cómo escribir bien en español. Madrid: Arco/Libros, S.L.

Seco, M. (1991). Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe.

Sousa, J. M(2012) Manual de estilo de la lengua española (MELE 4). Madrid: TREA.

Trimble, J. R. (1975). Writing with style: Conversations on the art of writing. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall. Consejos sobre cómo escribir con claridad.