domingo, 13 de julio de 2014

Cuando los plazos nos pisan los talones

Los plazos: esos enemigos implacables de los traductores y correctores. Parece que la fecha de entrega queda lejos y, de repente, ¡zas! ¡Pero si ya hay que entregar el proyecto! Mierda, otra vez nos la hemos jugado a nosotros mismos. 



Reconocedlo: a todos nos pilla el toro. Todos hemos acabado en una silla, de madrugada, alternando un café tamaño XXL en una mano y un teclado en la otra, jurando y perjurando que será la última vez que aceptemos un trabajo con tan poco plazo o que dejemos que un plazo largo nos haga confiarnos, dejándonos en prendas menores. ;-)

¿Por qué acabamos cayendo en las garras del binomio agobio + procrastinación? Hay unas cuantas razones, pero reflejemos aquí algunas:

  • CALCULAMOS MAL. Sí, sí, como lo leéis. ¿Nosotros? ¿Traductores experimentados? ¿Cómo vamos a calcular mal si ya nos hemos metido entre pecho y espalda chorrocientos proyectos de tantas mil palabras? Pues sí, calculamos mal, especialmente cuando estamos bajo presión y con muchos otros proyectos en la cartera; o cuando estamos con una mano cambiando el pañal de nuestro hijo y con otra en el móvil contestando —sin saber muy bien cómo demonios podemos escribir algo coherente— al cliente. 
  • SOMOS UN POCO SOBRADOS. Esto viene un poco al hilo del anterior punto: creemos que tenemos un máster del universo y que podemos asumir todo y en el último momento. O que podremos llevarnos el portátil a la playa y hacer 8000 palabras de una sentada. En el fondo, lo piensas y te entra la risa floja leyendo esto.
  • EL AGOBIO DEL VACÍO. Claaaro que sí. Llevamos más de una semana sin casi tocar una tecla, comenzamos a comernos hasta los muñones de las manos y cuando llega el proyecto esperando pensamos: «Qué bien, un tema interesante y con un buen plazo. Me lo tomaré con calma.» ¿Que no? Me da que a todos nos ha pasado, aunque no siempre seamos tan vagos.
  • LA AVARICIA. Qué lujuriosos nos ponemos a veces cuando tenemos mucho trabajo y queremos más y más porque... 
    • Nunca sabemos cuándo habrá vacas flacas, así que mejor acumular ahora que quedarse a dos velas luego, ¿no?
    • No sabemos decir NO a los proyectos. O derivarlos a compañeros que lo harían bien. Ojo al dato. Aún tenemos mucho que progresar en ese aspecto: aunque ya derivemos trabajo, creo que deberíamos aprender a delegar más en las personas que nos rodean —las de confianza, no el vecino del quinto, claro— y que sabemos que son profesionalmente impecables. Hay que darles una oportunidad, porque nunca sabes cuándo se acordarán de ti los demás.
  • LA INCAPACIDAD DE ALTERNAR TAREAS. Desconocemos las técnicas para hacer malabares con las entregas, hacer la compra, tener vida social... vamos, que no sabemos cuadrar una agenda o un calendario y solemos dejar de escribir en él a los dos meses (como mucho). Un par de tareas de más y... ¡pam! Entramos en bucle. 
  • INTERNET, LAS MOSCAS, LA TELE, EL MÓVIL. Cualquiera de estos elementos —y otras tantas cosas con las que nos distraemos en un nanosegundo— tiran por tierra nuestra productividad y capacidad para adelantarnos a la tragedia.


¿Y CÓMO PODEMOS SUPERAR ESTO?




EMPEZAR DESDE EL MINUTO CERO: si comenzamos antes, tendremos más margen para sopesar las dificultades, actuar ante imprevistos —no podemos planear todo, por supuesto, pero si contamos con una ventaja de tiempo podremos abordarlo—. Además, tendremos más tiempo para revisar con calidad nuestros proyectos, equilibrar las tareas...

EVITAR LAS DISTRACCIONES: como muchos sabréis, las herramientas tipo pomodoro nos pueden ayudar, pero de nosotros depende al final hacerlas funcionar con utilidad y obtener esa productividad que buscamos. 

APRENDER A PRIORIZAR Y CLASIFICAR: no es lo mismo contar con un proyecto de más de 15 000 palabras o de cierto grado de dificultad —por tiempo que vamos a emplear en investigación y búsqueda terminológica, por ejemplo— que abordar uno de menor volumen o, simplemente, más asequible a la hora de avanzar. Tenemos que conocernos mejor para saber lo que realmente podemos hacer con más rapidez y lo que realmente nos va a costar más tiempo y sudor. También somos mayorcitos para saber lo que podemos realizar relacionado con nuestra vida personal mientras trabajamos en algo de nuestra profesión

CONTAR CON HERRAMIENTAS QUE NOS AYUDEN: agendas o cuadernos en papel —algunos, incluida yo, preferimos contar con el método clásico de toda la vida, porque retenemos mejor lo que escribimos de ese modo—; Evernote u otro tipo de aplicaciones con recordatorio similares (disponibles para tabletas, móviles y ordenadores); hojas de cálculo o herramientas en la nube, como Google Drive y Docs; programas específicos para gestionar proyectos; calendarios que ves cada día según te sientas en tu despacho... Todo es válido. Podría hacer una entrada entera para hablar de esto, pero creo que lo dejaremos para otro día.

EN RESUMEN




  1. Prioriza y ordena
  2. Comienza lo antes posible
  3. Evita las distracciones
  4. Pide ayuda: herramientas y personas adecuadas
Eso es todo. Espero que os haya resultado útil, al menos como recordatorio, uno que necesitamos todos de vez en cuando. Por último, aprovecho para anunciar en el blog mi ponencia y taller práctico en Lenguando London el día 13 de septiembre: «Ser emprendedor y traductor: enfrentarnos a los retos laborales y psicológicos de nuestra profesión» 




¡Un abrazo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario