La estabilidad empieza en tu cabeza



Aprovechando la reapertura de este blog, quisiera compartir este borrador, que permaneció dormido entre tantos otros desde el año 2015. Creo que va siendo hora de publicarlo, esperando que pueda ser de utilidad para todos los compañeros que se enfrentan a estas situaciones en algún momento.

  1. Que la sinceridad vaya por delante: si no quieres compartir tus tarifas o tu metodología de trabajo, no lo hagas, estás en tu derecho, pero no predique después sobre ello ni adoptes una actitud paternalista para con los compañeros, sobre todo si son más jóvenes. Muy sencillo: pensemos siempre en lo que querríamos que los demás hicieran con nosotros. Recuerda que no hace tanto tú eras esa persona novata que no tenía ni idea de cómo funcionaba todo esto.
  2. Filtra los contenidos que compartes y lees en tus redes sociales. Asimismo, recuerda que los extremos nunca son buenos: no pasa nada por mostrar que eres humano; habrá días en los que necesites compartir algo que te duela y otros en los que te sientas más productivo. La rigidez en las redes sociales no lleva a ninguna parte.
  3. ¿Animal social? Sí, pero con medida. En el punto medio está la virtud. Acude a congresos o encuentros con colegas de profesión, pero sopesa si los temas y ponencias son útiles para ti, y no te obsesiones con «hacer contactos». En la vida hay muchas oportunidades de demostrar lo que valemos, no solo en estos eventos. Acuérdate también de los congresos relacionados con tu propio campo de trabajo y no te abandones a ti mismo; dedícale tiempo a tu vida personal y a tu propio trabajo en el despacho. Trabaja, descansa, da un paseo, vuelve al trabajo; duerme bien, haz de ejercicio, o siéntante diez minutos y cierra los ojos para relajarte.
  4. Decía Aristóteles que «El valor es el punto intermedio entre la cobardía y la impetuosidad irreflexiva». Eso es: lánzate y aprovecha las oportunidades, pero primero piensa cuáles encajan contigo o si tal vez es el momento de que otras personas las aprovechen. No compitas con tus compañeros, que ya nos ponen en esa posición los clientes sin pedirlo. Evalúa por ti mismo antes de saltar y escoge tus batallas con criterio.
  5. Digan lo que digan, no pierdas tu toque. A menudo te dirán que hablas demasiado, que tuiteas mucho o bien que compartes poco; que no eres quién para compartir según qué contenido; que estás enchufado o bien que no te relacionas suficiente; que trabajas demasiado o que no lo haces según ciertos métodos... También habrá quienes traten de darte lecciones de vida poco o nada constructivas. No pasa nada, es parte de la naturaleza humana y de su inseguridad intrínseca el crear un efecto espejo de sus propios miedos con los demás. No entres en discusiones: dedícale tiempo solo a aquello y aquellos que te permite compartir e intercambiar conocimientos, no enterrarte con sus frustraciones. Del mismo modo, no te compares negativamente con otros profesionales: si lo haces, acabarás sintiéndote peor y no te llevará a ninguna parte.

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